Los niños vienen de diferentes regiones del país y son remitidos a Bogotá para su tratamiento médico. Algunos duran varios años con nosotros mientras luchan contra la enfermedad, y, gracias a Dios, salen adelante.
Entonces el ICBF los reintegra a sus lugares de origen para que continúen con su vida, ya sea en otra institución especializada, con su familia biológica o –incluso- se van a otros países con una nueva familia en caso de que sean dados en adopción. Otros, a pesar del tratamiento, no logran soportar la enfermedad y fallecen.
En dichos casos, estamos con ellos hasta el final, para que se sientan queridos y cuidados con amorosa solicitud, y para que puedan partir llenos de esperanza, en un ambiente de cariño y oración (en dichas circunstancias, también adelantamos todo el proceso exequial para darles santa sepultura).

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